Un Cambio de Estación
Jon R. Thompson, MSW
Director Ejecutivo
Fundación A. Jean Brugger
Educación. Comunidad. Oportunidad.
De niño en Atlanta, yo solÃa perseguir las hojas de otoño que caÃan de los arboles con mis amigos. Cayendo en espirales y flotando en todas direcciones, el follaje despojado de los robles y arces altÃsimos nos entretenÃa durante esos dÃas dorados de octubre y noviembre. Intentábamos atrapar todas las que podÃamos, habÃan sido contados por nuestros padres que cada hoja traÃa la buena fortuna...
Estas memorias se regresaron a mi mente en un viaje reciente a Boston para recaudar fondos, donde tuve la oportunidad de caminar por el pueblo pintoresco de West Newton. Los arces sacarinos empezaban a cambiar de color, las hojas externas anaranjadas y amarillas mientras las otras permanecÃan verdes. En Nicaragua, el cambio de las estaciones es un poco diferente. Nosotros medimos en humedad, no con colores. Aquà solo hay dos estaciones: lluviosa y seca. Nuestra estación lluviosa en Nicaragua normalmente empieza en mayo y señala la temporada de sembrar y cultivar para los agricultores, y un final a las actividades culturales de la Semana Santa. Para el final de la temporada de lluvia en noviembre, las cosechas han empezado, los pensamientos giran hacia navidad, y los estudiantes empiezan a estudiar para sus exámenes finales. Este año, sin embargo, ha sido diferente.
El año 2009 ha traÃdo increÃbles cambios económicos y ambientales a Nicaragua. Por ejemplo, las lluvias nunca se vinieron a San Juan del Sur este año. Con una disminución del 90% comparado al 2008, el paÃs entero está sufriendo por la peor sequÃa que ha visto en la historia reciente. El precio de granos básicos como arroz, frijoles y maÃz se ha duplicado en los últimos 6 meses, y este descenso en provisiones está aumentando los precios aun más, además de incrementar la dependencia de Nicaragua en suministros importados para poder darle de comer a su gente. Y de más está decir que mientras suben los precios de la comida, las familias nicaragüenses tienen menos dinero para invertir en la educación, salud y desarrollo de sus hijos.
La situación de Nicaragua es crÃtica porque aun en los buenos años, ha estado, por poca diferencia, en segundo lugar detrás de Haità como el paÃs más pobre del Hemisferio Occidente. No hay cheques para los desempleados; no hay paquete de estimulo; hay pocos ahorros. Agravando la falta de apoyo público son los cortes federales recientes a la educación, lo cual resulta en menos becas institucionales para estudiantes universitarios, menos recursos en las aulas y tarifas de clases para los estudiantes ya matriculados.
Hay un sentido colectivo en el paÃs que estamos entrando a una era nueva de desafÃos sostenidos económicos, sociales y medioambientales. Tradicionalmente, los nicaragüenses se ayudan entre sà en tiempos de necesidad. Las familias se reúnen y comparten. Los vecinos cuidan a los hijos de otros mientras más madres salen de sus casas en busca de trabajo. Las comunidades miran hacia sus lÃderes locales para ayudarlos a salir adelante. Por consiguiente, no nos sorprende que Fundación A. Jean Brugger haya notado un incremento brusco en solicitaciones para ayuda. Y aunque tenemos que lidiar con nuestros propios limitaciones financieras, eso no significa que no podemos hacer nada. De hecho, eso nos manda a hacer más.
En el 2009, Fundación A. Jean Brugger facilitó las becas de 52 estudiantes, lo cual totalizó más de $80,000 por el año. Mientras muchos patrocinadores de estudiantes tuvieron que optar por no seguir con sus compromisos, debido a crisis financieros personales, Fundación A. Jean Brugger creó el Fondo de Graduación para asegurar que todos estos jóvenes continuaran en la universidad. Fue una tarea difÃcil, pero lo logramos – en gran parte debido al fuerte apoyo de nuestros donantes principales.
Me alegra decir que ni uno de nuestros estudiantes tuvo que dejar de estudiar por falta de fondos. Para esta fecha el próximo año, 22 de nuestros estudiantes se habrán graduado de la universidad gracias a la Fundación. En este último año, estamos orgullosos de decir que distribuimos más de $10,000 en materiales a escuelas locales, incluyendo pizarras, mochilas, cuadernos, pintura y equipo deportivo. Nuestro Programa de Ancianos ha crecido. En 2009, brindamos 2,000 almuerzos a nuestros invitados mayores y voluntarios. Realizamos campamentos de beisbol al beneficio de 75 niños y niñas, y proveÃmos más de $3,000 en asistencia de emergencia a familias locales.
Aun asÃ, reconocemos que el año 2010 podrÃa ser el año más memorable de la Fundación. Nuestro personal, junta directiva y donantes tendrán un papel en la reestructuración de nuestro plan de negocio. Dado que nuestros costos administrativos ya no están siendo cubiertos por Piedras y Olas, hemos empezado revisiones estratégicos desde la manera que recaudamos fondos hasta la manera que servimos el almuerzo. Otro cambio notable será la inclusión de una designación administrativa en cada subvención, donación y servicio que pasa a través de nuestras oficinas. También estaremos más presentes en los EEUU, con personal dedicado y enfocado en aumentar la conciencia y recaudar fondos por medio de comunicaciones, eventos e iniciativas con actuales y potenciales donantes como el objetivo.
Nuestras metas son ofrecer más oportunidades para compartir nuestro mensaje, y brindar maneras más significativas para poder involucrarse en el apoyo de nuestro trabajo. En otras palabras, nos estamos haciendo más proactivos, dispuestos a expandir nuestro alcance y aceptando el cambio como una oportunidad para aumentar nuestro impacto en Nicaragua.
Entendemos que la mayorÃa del tiempo el cambio es estresante, sino un poco aterrador. Sin embargo, estamos calmados sabiendo que lo de nosotros es simplemente una temporada de transición, que nuevas hojas crecerán en la primavera y que aunque estemos expuestos a los elementos durante los meses difÃciles del invierno, todas esas hojas caÃdas agarradas por otros de transformarán a nuestra buena fortuna en los años que vienen.